domingo, 17 de abril de 2011

Dormir es vivir bajo mínimos

Se trataba de un sueño. Así lo expone delicada y detalladamente un autor cristiano como Avalle-Arce usando las modernas técnicas de la psicología moderna. Pero su autor primero, musulmán, de esos que juzgan y admiten los sueños de aquella manera, adjudica a éste más importancia de la que tiene. Nos lo revela el traductor de Cide Hamete Benengueli al señalar que había escrito en el margen de esta historia los siguientes razonamientos:


«No me puedo dar a entender ni me puedo persuadir que al valeroso don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el antecedente capítulo queda escrito. La razón es que todas las aventuras hasta aquí sucedidas han sido contingibles y verisímiles, pero esta desta cueva no le hallo entrada alguna para tenerla por verdadera, por ir tan fuera de los términos razonables. Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más verdadero hidalgo y el más noble caballero de sus tiempos, no es posible, que no dijera él una mentira si le asaetearan. Por otra parte, considero que él la contó y la dijo con todas las circunstancias dichas, y que no pudo fabricar en tan breve espacio tan gran máquina de disparates; y si esta aventura parece apócrifa, yo no tengo la culpa, y, así, sin afirmarla por falsa o verdadera, la escribo. Tú, letor, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no debo ni puedo más, puesto que se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte dicen que se retrató della y dijo que él la había inventado, por parecerle que convenía y cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias.»

A ver; que hay más reacciones al cuento: Sancho “pensó perder el juicio o morirse de risa” cuando su amo le dijo que había visto a Dulcinea encantada tal como la vio en el Toboso, y el primo humanista le da crédito en tanto que con el relato obtiene información útil para sus investigaciones históricas.

Avivar nuestra discreción sobre lo contingente y lo verosímil es el propósito obvio del gran Cervantes, especialmente en esta segunda parte. Cervantes está deslindando aquí nuestro pensamiento del de Cide Hamete, a fin de afirmarlo como superior, es decir; el entendimiento no puede realmente admitir algo más allá de lo contingente y lo verosímil, por mucha autoridad que tenga o muy caballero que sea el que nos da cuenta del suceso.

Podría suceder, no obstante, que tengamos una buena disposición hacia las historias con trasiego de almas, en menoscabo de lo contingente, por lo que auguran de inmortalidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario