jueves, 25 de noviembre de 2010

Quienes somos nosotros

"Y, volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían, y, a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba, y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo. Porque decía:

—La lengua queda y los ojos listos.

Y el muchacho respondía:

—No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.

Y viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:

—Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza —que también tenía una lanza arrimada a la encina adonde estaba arrendada la yegua—, que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.

El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo la lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió:

—Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado, que cada día me falta una; y porque castigo su descuido, o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagalle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente."


Entre los comentaristas del Quijote, la mitad se centran en don Quijote, en su figura, su sicología, su evolución, etc. el resto lo hace en su autor. Me cuento entre éstos. El autor nos diseña escenarios en los que interviene el loco don Quijote para que nosotros apliquemos nuestro propio juicio, que será entonces el del autor. ¡Qué propuesta revolucionaria! Ésta es su manera de desafiar -pacificamente- a los libros de caballería, a los libros, a la publicidad en general, poniéndola a prueba, por tanto que en su discurso llevan implícita la violencia y la transmiten. Simplemente tenemos que inteligir los escenarios para comprender como pensamos en común, que no estamos locos como don Quijote, que no somos personajes sino personas.

La primera escena de esta primera aventura es la confesión de Andrés al objeto de, según pueda, detener la lluvia de latigazos. Eso no está escrito, pero ¿Se entiende así o no?.

Pero, aún antes. El labrador no se molesta en pegarle sin causa. Sino al objeto de que tenga la lengua queda y los ojos listos; que obedezca y vigile las ovejas que no falten.

Don Quijote le reta, ya que entiende que la opinión la modifica la violencia.

Y, más, basta la amenaza para que surta efecto, pues por ella el labrador modera su tono y justifica su proceder. Más incluso, llega a confesar él también. Como aquí estamos especulando, podemos decir que lo hace con una blasfemia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario