lunes, 15 de noviembre de 2010

El Quijote ensimismado (continuación)

Ironía. O indeterminación es el estilo del Quijote para muchos de sus comentaristas con buen criterio, sobre todo por su manía de cambiar a su acomodo los nombres. Cervantes pone en boca de su Quijote que el de Avellaneda, patrocinado por Lope, es peor que el suyo por confundir a Teresa Panza con Mary Gutiérrez, la mujer de Sancho. Nos vemos en la necesidad de decir los que hemos leído la primera parte del Quijote que Cervantes en este punto miente. No le importa mucho, solo quiere apuntar a la actitud jerarquizante, dependiente y limitada, del de Avellaneda/Lope.

Hemos rechazado arriba la locura y la sinrazón porque no servirá para entendernos –qué es de lo que se trata cuando nos comunicamos ¿no?- Los nombres sirven para confundirnos pues la comunicación es la transmisión de una experiencia.

A Cervantes no le importan los nombres porque no impone, no confirma, ninguno, escenifica las aventuras de don Quijote para burlarse de las representaciones rituales poniendonoslas a otra luz ¡Anatema! para hacernos libres de elegir lo que nos convenga. ¿Y como lo hace? Desafiando los nombres.

Necesitan inspiración los que combaten, pero los que queremos cooperar necesitamos entendimiento.

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