miércoles, 9 de marzo de 2011

¿TENGO RAZÓN, O NO? (y 2)

Decíamos en el post anterior que el arma da también explicación a nuestras representaciones, mientras que Marías las adjudicaba una función moral. Esta es la manera habitual de argumentar, que explica también por qué Cervantes no ha podido ser interpretado tras tanto tiempo de intenso estudio. La hipótesis que se ha planteado al Quijote sigue el patrón de esto significa esto otro, pero Cervantes, al exponer la realidad tal cual es, requiere y provoca que la comprensión de la realidad y de su obra acontezcan a la vez.

Los comentaristas del Quijote, conocedores de que no estaba asalariado por escribir, argumentan: tuvo una vida tal y por eso escribe pascual, o, vivía en España, luego representa a España, o, su tiempo era el barroco, luego nos expone el barroco, etc. Y todos estos argumentos valen. Pero aburren.

Ahora, si pensamos en esa función moral de las representaciones encontramos que son intranscendentes por tanto una idea simplemente representa otra, lo que se manifiesta en que todos estos pensadores raciovitalistas sean, además, historicistas. Solo hay historia, tiempo que nos va mostrando una u otra apariencia. Pero la realidad que el Quijote nos muestra se prueba verdadera precisamente en que es indiferente al tiempo.

Ese tiempo no es sino la historia de la guerra, grupos armados que se imponen a otros; y el que se va azarosamente imponiendo va haciendo confesar a los otros según su conveniencia para afianzar su predominio; de modo que nuestra fe, nuestras representaciones tanto mentales como nuestros fingimientos rituales expongan su relación de servicio al arma de turno. Las agudas Meditaciones del Quijote de Ortega se despeñan en ese abismo; uno de los capítulos de su libro reza significativamente La crítica también es patriotismo. Desde este panorama sin tiempo Ortega es el Caballero de los Espejos o, mejor, del Bosque.

Vamos rellenando la inhumanidad de esa historia de la guerra con palabras como justicia, paz, cristianismo, islam, democracia, comunismo..., y, mientras algún poder se justifica adhiriendose a alguna de esas consignas que sirva a la Coalición -ya que realmente nuestra casa, aunque violenta, es siempre el mundo- su evidente insolvencia se aclara con lo de hay una buena y otra mala, y se sigue adelante mientras se puede. A algunos les sonará aquello del “socialismo real” hasta que se descubrió, con su derrota, que no había otro. (Cuanto se pudo cegar el socialismo como para proponer la igualdad desde el estado, cuya esencia es la jerarquía piramidal que le es insoslayable a la unidad armada).

Solo cuando, en lugar de asumir alguna de estas consignas, o mantras, y trabajar para su justificación, se alcanza la discreción, que es algo solo personal, podemos intentar superar el obstáculo que tenemos para actuar racionalmente cooperando por nuestro beneficio común, mutuo y recíproco. Y es en este punto cuando hemos de recurrir al objeto que tenemos disponible y adecuado para ir más allá de nuestra condición “histórica”; la bandera blanca……… por tanto su función es poner en suspenso a las armas, también en ese modo “espiritual” que tienen de actuar sobre nosotros tal como acertadamente describen estos filósofos raciovitalistas sobre los objetos en general.

Tal vez resulte que es preciso vivir no menos de 7 o 10 años años fuera del país propio para alcanzar esta inteligencia –discreción es la palabra que usa Cervantes- sobre el sentido de las Letras/palabras, saliendo de la placenta religiosa o ideológica que nos envuelve, como es el caso del autor del Quijote y de un servidor. Si alguien dice que Cervantes escribió como un poseso por España y el Catolicismo en, por ejemplo, El Trato de Argel, puedo yo recordar que en mis primeros años en el extranjero rezaba sin cesar al Dios romano buscando ligar mi espíritu, librarlo de una soledad, casi un vértigo, demasiado imponente para poderlo soportar en ausencia de alternativa. (Les pasó algo semejante a los yugoslavos; que no tenían ni idea que eran creyentes hasta que les apañaron la guerra. El Choque de Civilizaciones)

10 años después de mi estancia en Berlín, tras pasar por varias inmersiones culturales y ya en China, mi pensamiento –que sigue siendo el actual- estaba ya bien amarrado a la imagen de la libertad y consolidado. ¿Quién de los estudiosos de la vida de Cervantes se ha aventurado a imaginar la intensa experiencia del curioso espíritu de Cervantes en Argel de la que nos da una idea en sus visiones de los conversos o renegados? O, peor, ¿a manifestar que allí le reconocieron su enorme mérito personal en contraste con el más feo hábito de peón que le estaba destinado vestir –y en el que le vieran- en España?

Mi pensamiento se topó con la bandera blanca para nunca más abandonarla en el año 2000 en Qingdao, China. Y solo en el 2004, con ocasión del 4 centenario de la publicación del Quijote lo releí y encontré allí mis propios pensamientos, incluido el de la bandera blanca aunque fuera traída por los pelos, para sentirme como aquel nieto que entendiera a Cervantes según reclama Ortega.

Ahora, yo te presento la bandera blanca de paz que nos orienta a la igualdad y la unidad, según

“se entiende, por ejemplo, lo que es un objeto, una pluma, un vaso, un cuchillo, anticipando en la imaginación la función vital que es escribir, o beber, o cortar, viendo el objeto en cuestión ejecutando virtualmente esa función; si yo muestro una pluma a alguien que no sepa qué es escribir, que no conozca esa posibilidad humana, jamás verá una pluma: solo se la entiende cuando asume una función –sea la que se quiera- dentro de mi vida. Y esto es la razón vital: la vida en su función de dar razón, es decir, de aprehender la realidad de su conexión”

Y solo la reconoce, quien se orienta con ella y la da conocer, bien fácilmente por los medios modernos de comunicación, las redes sociales, pues, de otro modo, las banderas de guerra están presentes siempre y en todo y “se anticipan en la imaginación”.

Tal como tú lo entiendes, piensa que así los otros lo entenderán. Y, si tengo razón, dámela, piensa también que otros me la darán igual. Con lo que la liberación no está lejos.

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