domingo, 23 de enero de 2011

El Quijote y la guerra

De nuevo me siento en la necesidad de volver sobre mis pasos. Te dije que Giménez Caballero califica El Quijote de pacifista. Pero, ¿qué diablos puede significar ser pacifista? Todos somos pacifistas, caramba, pero vemos claro que no podemos por menos de defendernos para vivir.

No está demás que reparemos en ello aquí. Yo, por escribir en estos términos te lo debo; no vayas a pensar que simplemente soy un simple. No solo entiendo que la paz es la palabra más vacía del mundo, sino que he hecho experiencia de su experiencia: cuando era estudiante a mediados de los 80 di por manifestare por el desarme mundial y como continuase mis estudios en Berlín pronto me contactaron agentes soviéticos deseosos de ayudare en mis propósitos por cuanto compartían mis ideales.

De aquí extraigo yo dos lecciones; una que la existencia de la persona se da siempre inmersa en un grupo que se identifica frente a otro(s) grupo(s), por lo que declarándose pacifista –o no violento- perjudica a su grupo y beneficia a su(s) oponente(s). Y como esos grupos son las unidades armadas o estados, un movimiento pacifista ha de ser mundial, de modo que no perjudique a nadie. Esta es una grandísima dificultad, pero menor en nuestro tiempo. La otra lección es que la violencia no es una opción o alternativa de nuestro arbitrio –todo es fuerza- y, por lo tanto, no corresponde achacar o responsabilizar a nadie de hacer lo que debe lo mejor que puede. (Goethe nos lo señala claro en el Fausto: menos pamplinas; para la guerra mejor que los “caballeros” son los criminales).

Esta es una buena introducción, creo, al propósito del Quijote cuyo nudo se expone en el discurso sobre las armas y las letras que comienza nada más decir Zoraida a la inquisición de los cristianos que no es Zoraida sino María. Los argumentos del Discurso son los siguientes:

1.Las armas son el arte y ejercicio que excede a todos los demás

“Ahora no hay que dudar sino que esta arte y ejercicio (las armas) excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron, y tanto más se ha de tener en estima cuanto a más peligros está sujeto. Quítenseme delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas, que les diré, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la razón que los tales suelen decir y a lo que ellos más se atienen es que los trabajos del espíritu exceden a los del cuerpo y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan”

“véase si se alcanza con las fuerzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los disignios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que todas estas cosas son acciones del entendimiento”

“Siendo, pues, ansí que las armas requieren espíritu como las letras, veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el del guerrero, trabaja más, y esto se vendrá a conocer por el fin y paradero a que cada uno se encamina, porque aquella intención se ha de estimar en más que tiene por objeto más noble fin”

“Es el fin y paradero de las letras (y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como este ninguno otro se le puede igualar): hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Fin por cierto generoso y alto y digno de grande alabanza, pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”

2.Las armas son el esfuerzo supremo del hombre

“Qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado que, hallándose cercado en alguna fuerza y estando de posta o guarda en algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? Solo lo que puede hacer es dar noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina, y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si este parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventaja el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas no le queda al soldado más espacio del que concede dos pies de tabla del espolón; y con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno, y con todo esto, con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucería y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo que más es de admirar: que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si este también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes]: valentía y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra”

3.Las letras no se pueden sustentar sin las armas

“Las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas”

Y concluye:
“Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.

La milenaria ideología del valor heróico desaparece con la tecnología como un soplo de aire. Los más modernos héroes han resultado de que les fusilaba la segunda línea caso de dar la espalda al enemigo.

Pero, ¿Qué es la paz, el fin de la guerra, por la que tantísimo esfuerzo se hace? ¡Oh! Se me pasó mencionarlo, pues sí que lo dice:

“….las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Y, así, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires: «Gloria sea en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»; y a la salutación que el mejor maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favoridos fue decirles que cuando entrasen en alguna casa dijesen: «Paz sea en esta casa»; y otras muchas veces les dijo: «Mi paz os doy, mi paz os dejo; paz sea con vosotros», bien como joya y prenda dada y dejada de tal mano, joya que sin ella en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra”

“De tal manera y por tan buenos términos iba prosiguiendo en su plática don Quijote, que obligó a que por entonces ninguno de los que escuchándole estaban le tuviese por loco, antes, como todos los más eran caballeros, a quien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana”

“El cura le dijo que tenía mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer”

Ese es el resumen del conocido Discurso. En las “Armas y las Letras en la interpretación del Quijote” que refiere a la Primera Parte podrás verlo comentado con más detalles. Aquí, como estamos de resumen, te recuerdo el argumento principal de esa Interpretación:

Aparte de reiterar una vez más lo que las Letras no se podrían sustentar sin las Armas que es la más constante manifestación del Quijote -pues el Quijote es un libro que piensa en los libros-, al comparar las Armas y las Letras en abstracto, especialmente al estar justo en el medio de la historia del cautivo y la renegada, las separa y así iguala a todos los grupos armados, que es, como hemos visto antes, la más clara manifestación pacifista, pues lo que expone vale para todos los grupos armados por igual; tanto turcos como españoles, chinos, indios.... Esas fatigas del soldado, o esa mortal valentía, ese fin de la guerra que es la paz, ese esfuerzo supremo que lleva a un marine tras otro a las barrigas de los tiburones –nosotros la quisiéramos pensar, el lector apresurado así lo hace, por los nuestros; solo los buenos deberían ser valientes, pero ese marine podría ser lo mismo pirata que cristiano, o turco. Y esta que es locura humana, no es solo de don Quijote sino de todo el mundo –como así lo representan los que le escuchan.

Como digo, el conocido Discurso de las Armas y las Letras solo nos sirve, sobre todo, de nudo, de argumento en el estudio de la guerra; en él se establecen los términos de la paradoja y tragedia humana, pero de él no se concluye nada definitivamente. El desenlace es la bandera blanca que vimos en el post anterior, pero el término medio es el Yelmo de Mambrino, que sirve a Cervantes para definir el Arma, por eso dice:

—¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que está este buen escudero (el barbero), pues llama bacía a lo que fue, es y será yelmo de Mambrino, el cual se le quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con ligítima y lícita posesión!

En efecto, está en cuestión si es bacia o yelmo, pero en el caso de ser yelmo (como piensa don Quijote) -un arma- nadie ha de dudar que entrar en guerra –usar de violencia- y quitárselo es legítimo y lícito.

Las armas (un arma es tanto un objeto para herir y matar como un grupo humano preparado para ello) son, pues, la causa de la guerra. La expresión “que es lo mesmo las armas que la guerra" implica, recoge y manifiesta también esa idea; pero las armas son primero y la guerra después, o su consecuencia. Y, por tanto, la única forma de la paz es el acuerdo por el desarme.

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