viernes, 7 de enero de 2011

De como se perfila la Segunda Parte

La Segunda Parte del Quijote podría resumirse escuetamente de la siguiente manera; don Quijote inicia su tercera salida, aparte de por la satisfacción que le dió a su autor la Primera, por el concierto o, mejor, la instigación, el ánimo y la inducción de Sancho, de Rocinante, nuestra -los muchos y regocijados lectores de su Primera Parte- y, sobre todo, de su vecino, el representante de la cultura institucional, el bachiller Sansón Carrasco, actuando éste en connivencia con el ama (cierto que con la oposición de la inocente sobrina). Carrasco ha diseñado un plan para dar fin a sus aventuras y curarle de su locura, o por lo menos eliminar sus efectos; armado de nuevo don Quijote, venciéndole y sometiéndole a retirarse.

Cervantes confirma que al igual que en la Primera Parte, su intención es arremeter y acabar con los libros de caballería, aquellas figuraciones sobre las que se asienta y erige la legitimidad (de la violencia). El Quijote apócrifo ha puesto en cuestión esa voluntad, la ha desafiado, y lo que está en juego ahora es, una vez más, reivindicarla; se le ha puesto en el brete de ser aún más verdaderamente ejemplar, ganando para sí incluso a los que groseramente ya han invadido su terreno -envía a don Quijote al cielo, pues, pese a todo, y de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica quiere finalizar dando a Dios lo que es de Dios arrepintiéndose.

De los muchos comentaristas que he leído sobre el Quijote, todos suelen comenzar afirmando que hasta el Romanticismo que hizo una nueva lectura, el Quijote se había venido considerando un simple libro burlesco. Falso. El enorme desafio del Quijote a los sistemas de creencias irracionales fue sentido muy agudamente por la inteligencia española de su tiempo, y correspondió al genio de Lope, líder del arte ideológico oficial de su tiempo darle respuesta; de ahí el Quijote apócrifo ideado por su cliqué y la extraordinaria virulencia y desprecio de las referencias que tenemos de Lope hacia Cervantes -sin que entre ellos mediase apenas o ninguna relación personal, otra que la pura producción literaria.

Después fueron los Románticos EXTRANJEROS los que redescubrieron otros valores en el Quijote, significativísimamente solo en Italia no tuvo o no ha tenido ese éxito, debido a su condición similar a la española. La intelectualidad española oficial (a diferencia del pobre por independiente Cervantes) durante siglos no podía siquiera plantearse el Quijote como crítica hasta mucho más tarde y, precisamente, motivado por esos desvelamientos hechos por los extranjeros. Alguien tan poco sospechoso como el escritor fascista Giménez Caballero considera al Quijote un libro PACIFISTA.

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