Mostrando entradas con la etiqueta asno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asno. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un paseo por la vida eterna

Ha ocupado Sancho un puesto alto en la jerarquía al que muchos servían, dimite y cae “en una honda y escurísima sima” en ausencia absoluta de un semejante que por caridad le le pueda sacar de ella.

Cae creyendo hacerlo hasta el abismo, por lo que se “encomendó a Dios de todo corazón” pero aterrizó sobre el asno y, cuando se aseguró que se encontraba con vida y sin rasguño alguno, “no cesaba de dar gracias a Dios por la merced que le había hecho” de hacerlo caer en la sima sin daño. Aunque se dolía por el asno.

No puede salir, ni encuentra nadie que le pueda ayudar, piensa que la muerte le sobreviene; en este pensamiento adopta un tono poético reflexionando sobre el momento del deceso en la compañía del asno, la lejanía de su patria y de los suyos.... Así pasó la noche hasta que vino el día y volvióa gritar pidiendo socorro sin que nadie le oyese con lo que le retornó el pensamiento de como se le cernía la muerte.

Levantó al asno que apenas se podía tener y lo animó con pan. Y en esto halló un agujero en la pared, entró por él como pudo y vio que se ensanchaba y “púdolo ver porque entraba un rayo que lo descubría todo”, de aquí paso a otra concavidad, luego regresó hasta donde estaba el jumento y ensanchó el paso con una piedra para abrirle paso, y así anduvieron a veces a oscuras y a vecen sin luz, pero ninguna sin miedo. “le pareció que habría caminado poco más de media legua, al cabo de la cual descubrió una confusa claridad, que pareció ser ya de día, y que por alguna parte entraba, que daba indicio de tener fin abierto aquel, para él, camino de la otra vida.” La nuestra, la finita.

Y mejor aún, la de su amigo don Quijote que andaba por ahí dándose una vuelta.

“Ah de arriba! ¿Hay algún cristiano que me escuche o algún caballero caritativo que se duela de un pecador enterrado en vida, a un desdichado desgobernado gobernador-“


“Oyendo lo cual don Quijote, se le dobló la admiración y se le acrecentó el pasmo, viniéndosele al pensamiento que Sancho Panza debía de ser muerto y que estaba allí penando su alma.”


“Si eres mi escudero Sancho Panza y te has muerto, como no te hayan llevado los diablos, y por la misericordia de Dios estés en el purgatorio, sufragios tiene nuestra santa madre la Iglesia Católica Romana bastantes a sacarte de las penas en que estás, y yo, que lo solicitaré con ella por mi parte con cuanto mi hacienda alcanzare”.

Le trajo maromas y sogas para sacarle del castillo y de los duques y cuando salía dijo un estudiante:

“—Desta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores: como sale este pecador del profundo del abismo, muerto de hambre, descolorido y sin blanca, a lo que yo creo.”

Estamos ya en Juicio Final de su gobierno. Ha hablado primero el fiscal, ante el que se justifica Sancho:

—Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera un hora; en ellos me han perseguido médicos y enemigos me han brumado los güesos , ni he tenido lugar de hacer cohechos ni de cobrar derechos; y siendo esto así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera. Pero el hombre pone y Dios dispone, y Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a cada uno, y cual el tiempo, tal el tiento, y nadie diga «desta agua no beberé», que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas; y Dios me entiende, y basta, y no digo más, aunque pudiera.

—No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es querer atar las lenguas de los maldicientes lo mesmo que querer poner puertas al campo. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen dél que ha sido un ladrón, y si sale pobre, que ha sido un parapoco y un mentecato".

Contribución al juicio del abogado de los nobles, don Quijote.

—A buen seguro —respondió Sancho— que por esta vez antes me han de tener por tonto que por ladrón.

Finalmente van a ver a los jueces, pero Sancho, no quiso subir a ver al duque sin que primero no hubiese acomodado al rucio en la caballeriza, porque decía que había pasado muy mala noche en la posada; y luego subió a ver a sus señores, ante los cuales puesto de rodillas les resume sus andanzas como gobernador;

“acometiéronnos enemigos de noche, y, habiéndonos puesto en grande aprieto, dicen los de la ínsula que salieron libres y con vitoria por el valor de mi brazo, que tal salud les dé Dios como ellos dicen verdad. En resolución, en este tiempo yo he tanteado las cargas que trae consigo, y las obligaciones, el gobernar, y he hallado por mi cuenta que no las podrán llevar mis hombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de mi aljaba; y, así, antes que diese conmigo al través el gobierno, he querido yo dar con el gobierno al través”

Y como sepultado, para concluir:

“Así que, mis señores duque y duquesa, aquí está vuestro gobernador Sancho Panza, que ha granjeado en solos diez días que ha tenido el gobierno a conocer que no se le ha de dar nada por ser gobernador, no que de una ínsula, sino de todo el mundo.”

sábado, 26 de febrero de 2011

¡Otro mundo es posible!

¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué don Quijote, que vio castillos donde había ventas, gigantes donde molinos, ejércitos donde ovejas, ve a una aldeana en lugar de la princesa Dulcinea como piadosamente le sugiere Sancho?


Nos lo ha cambiado su sibilino autor.

En la segunda parte en lugar de ser don Quijote el que imagina y ve en todo cuanto le rodea un mundo fantástico semejante al de los libros de caballería, son los que ya conocen su locura por experiencia, como Sancho, o por haber leído la primera parte, Carrasco, los Duques, don Antonio, etc., los que le manipulan porque lo conocen.

Me vienen a la memoria en este punto las enseñanzas de las escuelas de la estrategia china, que si hubiera que resumirlas con una palabra sería “engaño” y si con una frase; “conoce al otro y lo tendrás en tus manos”.

Igualmente me recuerda a la picaresca, auténtica marea literaria del siglo XVI español, que trata del abuso de la “buena fe”, o creencias de los otros, tanto obteniendo limosna con efectivas invocaciones, cuasi conjuros, como averiguando la mente de sus víctimas.



Y una nueva y aguda muestra de la transformación de don Quijote es la aventura de la carreta de Las Cortes de la Muerte:

Inicialmente don Quijote se planta frente a la carreta y pregunta a sus pintorescos pasajeros quienes son; queda satisfecho de su respuesta y dice:

—Por la fe de caballero andante —respondió don Quijote— que así como vi este carro imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía, y ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño.


Pero no es este el desenlace del encuentro, pues el botarga, con unas vejigas infladas que llevaba, asusta a Rocinante que da con el caballero en tierra. Y siguen sus desgracias cuando, al dejar Sancho el rucio para socorrer a su amo, monta sobre él el mamarracho llevándoselo y martirizándolo a golpes de las vejigas que llevaba. A lo que nuestro señor don Sancho:

“antes quisiera que aquellos golpes se los dieran a él en las niñas de los ojos que en el más mínimo pelo de la cola de su asno”

Quiso luego responder don Quijote la ofensa, pero, como se pusiesen en formación los farsantes y se apertrecharan de piedras, se deja convencer por Sancho de que no tienen nada que ganar sino mucho que perder. Decide don Quijote cesar en su ataque por no haber entre ellos caballeros, o ganancia, como le dice Sancho, y tampoco llega a agredirles el buen escudero, por no ser de cristianos tomarla de los agravios.

Comentan lo poco que hubieran valido los despojos. (El novedoso agnosticismo de don Quijote les deja en simples bandoleros)



También, a propósito, comentan la semejanza entre la comedia y la vida:

—Pues lo mesmo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato deste mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y finalmente todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura

. —Brava comparación —dijo Sancho—, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.

Como de ordinario, es mejor y más inteligente la comparación de nuestro señor don Sancho, lo reconoce el pedante de su amo, pues mientras en la comedia el autor hace aparecer a diversos personajes según su conveniencia, y a menudo arbitrario e ignorante criterio, el tablero de ajedrez representa a la sociedad entera y los que la han de formar al completo. Los puestos estás creados y diferentes personas, diferentes vidas, los ocupan calzándose sus botas y vistiéndose sus hábitos y siguen en ellos hasta que otros, aún no nacidos los puedan ocupar.

De la soberbia del amo, enjuiciandole, da ajustada cuenta su criado replicandole que si acierta es gracias a él, que le sirve, a su ingenio como a la seca tierra, de estiercol. 

No es la naturaleza, sino la forma específica de comportarse los hombres; a diferencia de la naturaleza de los animales que saben relacionarse en más variadas formas y hasta guardarse amistad sin seguir necesariamente esa maligna estructura, lo que nos demuestra que esa es, aún si exterior, propia del hombre, que el arma, dada su capacidad de prevenir, le genera.

Canta Cide Hamete la amistad del asno y el rocín a la que dedica varios capítulos (que no transcribe el autor cristiano por no haber sido capaz de hallarles el alma);

“cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo:

No hay amigo para amigo:

las cañas se vuelven lanzas;

y el otro que cantó:

De amigo a amigo, la chinche, etc.

Y no le parezca a alguno que anduvo el autor algo fuera de camino en haber comparado la amistad destos animales a la de los hombres, que de las bestias han recebido muchos advertimientos los hombres y aprendido muchas cosas de importancia, como son, de las cigüeñas, el cristel; de los perros, el vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, y la lealtad, del caballo.
¡Qué mentecato don Quijote! ¡Qué buen discipulo de su burro Sancho!