Mostrando entradas con la etiqueta armas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta armas. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2012

Las armas, objeto humano decisivo



Te paso el link del capítulo por si quieres leerlo al tiempo que este comentario: http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/edicion/parte2/cap66/default.htm


Vamos hoy a mostrar el sentido del Quijote, con indiferencia de sus dos partes, sin temor a malinterpretación, pues este capítulo ya final es una recapitulación de los motivos del Quijote que podemos encontrar a lo largo de los capítulos.

Primero, un recuerdo al capítulo pasado en el que nos repetía incesantemente la palabra “desarmar”.

Ahora, tristemente, la reflexión suele acontecer solo tras la derrota.

¡Aquí fue Troya!

Todo destruido, todo arrasado.

Pero aún seguirá arrasando el troyano Eneas o los romanos en su nombre. ¿Hasta cuando?…… ¿hasta que no quede vida?

A continuación tres movimientos: 1. “Fue mi desdicha y no mi cobardía, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas”. 2. “la fortuna es mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve que hace, ni sabe a quien derriba ni a quién ensalza”. 3. “No hay fortuna en el mundo; cada uno es artífice de su ventura”.

En efecto, no es la fortuna, realmente se podía prever que las “caballerías”, las armas, eran desiguales.

A continuación, otra repetición constante de la obra:

Atreviose”, por caballero, de todos modos don Quijote, y fue derrotado. Antes –como caballero- “acreditaba sus hechos con sus obras y sus manos” (hacía, forzaba), ahora –como escudero – cumple su palabra (cumple, obedece). Palabra que dio con la punta del lanzón en el cuello.

Propuesta de Sancho:

“Dejemos estas armas colgadas de algún árbol, en lugar de un ahorcado” (refiere a los bandoleros ahorcados que vieron previos al encuentro con Roque Quinart)

Responde don Quijote con otro motivo permanente:

Nadie las mueva


que estar no pueda


con Roldán a prueba.



Y aún más consideraciones sobre la “caballería”:

“—Todo eso me parece de perlas —respondió Sancho—, y si no fuera por la falta que para el camino nos había de hacer Rocinante, también fuera bien dejarle colgado.”

Y una nueva reflexión:


—¡Pues ni él ni las armas —replicó don Quijote— quiero que se ahorquen, porque no se diga que a buen servicio, mal galardón!


—Muy bien dice vuestra merced —respondió Sancho—, porque, según opinión de discretos, la culpa del asno no se ha de echar a la albarda; y pues deste suceso vuestra merced tiene la culpa, castíguese a sí mesmo, y no revienten sus iras por las ya rotas y sangrientas armas, ni por las mansedumbres de Rocinante, ni por la blandura de mis pies, queriendo que caminen más de lo justo.

En efecto; el ejercicio de las armas, que no las armas mismas, es “virtual”; no depende de determinados medios. Y ese ejercicio se puede reducir al ataque cuando nuestros medios sean superiores y a evitar el choque en el caso de que sean inferiores.

Hechas ya tales consideraciones, se encuentran con unos labradores que les proponen el siguiente dilema:


—Es, pues, el caso —dijo el labrador—, señor bueno, que un vecino deste lugar, tan gordo que pesa once arrobas, desafió a correr a otro su vecino que no pesa más que cinco. Fue la condición que habían de correr una carrera de cien pasos con pesos iguales; y habiéndole preguntado al desafiador cómo se había de igualar el peso, dijo que el desafiado, que pesa cinco arrobas, se pusiese seis de hierro a cuestas, y así se igualarían las once arrobas del flaco con las once del gordo.

No es el loco el que contesta sino el gobernador Sancho, que no cuenta con otro recurso sino que el mismo que todos compartimos, con el que también debemos entender este libro; el sentido común:

“—Hermanos, lo que el gordo pide no lleva camino ni tiene sombra de justicia alguna. Porque si es verdad lo que se dice, que el desafiado puede escoger las armas, no es bien que este las escoja tales que le impidan ni estorben el salir vencedor”

La superioridad o inferioridad de las armas resulta en, ni más ni menos, que en vida o muerte en el combate, o de otro modo, el “virtual” civil o permanente: en la libertad o en la sumisión, en hacer o en obedecer y, por lo tanto, el arma es el objeto humano decisivo desde el que se entiende, interpreta, la realidad toda. De este modo, el sentido común queda subordinado a la determinación de ese objeto decisivo. Y todo el Quijote, que es el libro del sentido común, apunta en todo lógicamente a la Armas.

Y eso que es evidente y todos sabemos, nos lo ocultamos, sin embargo, en su virtualidad. Y así dicen los labradores a la sentencia de Sancho la estupidez más grande que se puede leer en el Quijote que, con humildísimo perdón, es lo que les pasa a sus comentaristas en general y todo bicho viviente; que tienen el sentido común a la mano y buscan tratar las cosas por los cerros de Úbeda:

“—Si el criado es tan discreto, ¡cuál debe de ser el amo! Yo apostaré que si van a estudiar a Salamanca, que a un tris han de venir a ser alcaldes de corte. Que todo es burla, sino estudiar y más estudiar, y tener favor y ventura; y cuando menos se piensa el hombre, se halla con una vara en la mano o con una mitra en la cabeza.”

Pero aún se encuentran con Tosilos y don Quijote no quiere reconocerlo, por que a fuerza de querer saber “quien es el mismo” niega la realidad, la personalidad de los otros bajo el efecto de la violencia armada.

Por eso Cervantes es piadoso, pues no se ama si no es a todos los hombres; porque la violencia que nos hacemos unos a otros es siempre sin querer y todos somos interdependientes.

—¡Oh, mi señor don Quijote de la Mancha, y qué gran contento ha de llegar al corazón de mi señor el duque cuando sepa que vuestra merced vuelve a su castillo, que todavía se está en él con mi señora la duquesa!


—No os conozco, amigo —respondió don Quijote—, ni sé quién sois, si vos no me lo decís.


—Yo, señor don Quijote —respondió el correo—, soy Tosilos, el lacayo del duque mi señor, que no quise pelear con vuestra merced sobre el casamiento de la hija de doña Rodríguez.


—¡Válame Dios! —dijo don Quijote—. ¿Es posible que sois vos el que los encantadores mis enemigos transformaron en ese lacayo que decís, por defraudarme de la honra de aquella batalla?


—Calle, señor bueno —replicó el cartero—, que no hubo encanto alguno, ni mudanza de rostro ninguna: tan lacayo Tosilos entré en la estacada como Tosilos lacayo salí della. Yo pensé casarme sin pelear, por haberme parecido bien la moza; pero sucedióme al revés mi pensamiento, pues así como vuestra merced se partió de nuestro castillo, el duque mi señor me hizo dar cien palos por haber contravenido a las ordenanzas que me tenía dadas antes de entrar en la batalla, y todo ha parado en que la muchacha es ya monja, y doña Rodríguez se ha vuelto a Castilla, y yo voy ahora a Barcelona a llevar un pliego de cartas al virrey que le envía mi amo.

Ni siquiera este “malvado” duque es objeto de odio por parte de Cervantes, pues entiende que su deber supremo es velar que se cumplan sus órdenes. En cuanto a las Rodríguez ya sabemos que se le declararon “extranjeras”, salieron de su jurisdicción y se independizaron para que el duelo pudiera tener lugar.

Del mismo modo que tampoco siente Cervantes odio por los abusos de los poderosos, abuso sexual -sobre todo en tiempos pasados, corrupción, etc., porque la tentación no se puede resistir….cuando la ocasión se sirve.

Ahora Tosilos nos habla a todos, porque al igual que don Quijote vemos el mundo “subjetivamente”, sin comprender como nos median las armas. Y como él, así estamos pagando caro y aún más caro:

—Sin duda este tu amo, Sancho amigo, debe de ser un loco.


—¿Cómo debe? —respondió Sancho—. No debe nada a nadie, que todo lo paga, y más cuando la moneda es locura. Bien lo veo yo, y bien se lo digo a él, pero ¿qué aprovecha? Y más agora que va rematado, porque va vencido del Caballero de la Blanca Luna.

En raros tiempos de terror atenuado como ahora, a ver si se nos adoba el entendimiento y cambiamos nuestra ventura.

Sentido común:


Que trata de lo que verá el que lo leyere o lo oirá el que lo escuchare leer

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Tengo razón, o no? (1)

Son innumerables los autores que nos recuerdan lo que del Quijote dice Ortega; “no hay libro cuyo poder de alusiones simbólicas al sentido del universal de la vida sea tan grande”, y es el caso que la filosofía de Ortega es conocida como raciovitalismo de cuyo sentido nos da ajustada expresión su mayor discípulo, Julián Marías, en su obra La imagen de la vida humana, de la siguiente manera:

“Lo que llamamos entender consiste en hacer que algo funcione dentro de mi vida. Se entiende, por ejemplo, lo que es un objeto, una pluma, un vaso, un cuchillo, anticipando en la imaginación la función vital que es escribir, o beber, o cortar, viendo el objeto en cuestión ejecutando virtualmente esa función; si yo muestro una pluma a alguien que no sepa qué es escribir, que no conozca esa posibilidad humana, jamás verá una pluma. Y si se piensa en una realidad que no sea artificial e instrumental, el caso es semejante: solo se la entiende cuando asume una función –sea la que se quiera- dentro de mi vida. Y esto es la razón vital: la vida en su función de dar razón, es decir, de aprehender la realidad de su conexión”
He encontrado estos días este librito en mi estudio de la recepción del Quijote, ya que más adelante también trata en él de Cervantes, y coincide sorprendentemente con mi propio entendimiento de la realidad que ya había expresado en algunos post antiguos de www.whiteflag.info lo que aporta prueba a su validez.

En efecto, como dicen estos filósofos el modo en que las personas vivimos es proyectando nuestro futuro, previniéndolo, "curándonos" de él (como también lo ve Heidegger), en la forma de asegurarnos casa para protegernos de las inclemencias del tiempo, ropa para no tener frio, comida para cuando llega el hambre o la hora de comer y, de modo más directo, acumulando dinero que podemos intercambiar por cualquiera de esos materiales o servicios que cubren esas necesidades u otros deseos.

Sin embargo, cuando nos acercamos más a estos sus pensamientos de la razón vital comenzamos a percibir su desvarío o nuestro desacuerdo, o, de otro modo, su incapacidad para entender el Quijote hasta el final. Escribe asi también Marías:

“Es mi proyecto el que se interpone y se intercala entre la realidad y yo, el que hace las cosas o cosifica lo real, porque el proyecto, que no solo es algo real, sino una potencia realizadora, es el mismo una realidad imaginaria. Esto es una mesa porque proyecto sobre ella apoyar los codos, poner un libro o un vaso encima; pero se convierte en leña ante el proyecto de hacerla arder en la chimenea; en balsa, como resto de un naufragio…”
“Por lo visto, para tratar con la realidad no tengo más remedio que imaginarla”. “La razón de esto es grave; la vida no es me dada hecha, no solo tengo que realizarla, sino que además tengo que inventarla, incluso sus posibilidades. Eso que se llama percepción es ya en buena medida asunto de imaginación; actúan e intervienen en ella recuerdos, anticipaciones, todo un halo irreal sin el cual el halo perceptivo no es posible…”
Y desde aquí continua Marías su discurso sobre La imagen de la vida para pasar a las representaciones que hacen las artes, las cuales, asegura, tienen una función moral.

Ruego ahora al lector y a estos filósofos que sometan el objeto arma a ese acertado marco de la experiencia del entendimiento, y justo es que así sea aunque solo fuera porque es el principal asunto que Cervantes trata con el Quijote, y veremos como el resultado de su imagen de la vida cambia, aunque también solo fuera porque el arma ajustada a estos términos no encaja en la “vida en su función de dar razón” pues lo que el arma hace es privar de libertad al establecer la disyuntiva entre vida y libertad. En este sentido podríamos decir que el planteamiento de estos filósofos es “idealista”; la realidad no está a expensas de nuestra libertad, de nuestro proyecto. (Ni, en general, pienso que nuestro proyecto hace de la mesa leña, balsa o mesa; la mesa es mesa, es ella, la vista de ella, una vez conocida, la que convoca en mí su función y genera mi proyecto, y es esa serie de funciones que despiertan los objetos constituye el acervo más común de los hombres.)

Así, y en todo caso, es la existencia del arma en la naturaleza, anterior a esa experiencia del entendimiento del hombre, la que, al proyectarse éste, al prevenir el futuro, encuentra en ese objeto arma el fin de todas sus perspectivas. Por este motivo el hombre se organiza en todo tiempo y lugar en función de él en unidades armadas, y somete todos sus recursos –aunque no fuera consciente o deliberadamente- a ese fin último y así es que el arma es la producción suprema del hombre en todo tiempo y lugar.

Es el objeto arma el que falsifica la imagen o representación del mundo que nos hace Marías; éste dice que la vida hay que realizarla, esto puede ser cierto pero de modo apenas significante, pues la historia del mundo es la historia de la guerra, nuestra forma de organización está basada en la unidad armada, de la que luego surge una cultura, una constitución, cualquiera que sea siempre jerárquica, piramidal, requisitos todos que el arma nos genera para ser efectiva. Cuando nacemos, comenzamos a vivir, nos incorporamos en una “figura de ajedrez”, tal como sugiere Sancho, y Cervantes no olvida.

domingo, 23 de enero de 2011

El Quijote y la guerra

De nuevo me siento en la necesidad de volver sobre mis pasos. Te dije que Giménez Caballero califica El Quijote de pacifista. Pero, ¿qué diablos puede significar ser pacifista? Todos somos pacifistas, caramba, pero vemos claro que no podemos por menos de defendernos para vivir.

No está demás que reparemos en ello aquí. Yo, por escribir en estos términos te lo debo; no vayas a pensar que simplemente soy un simple. No solo entiendo que la paz es la palabra más vacía del mundo, sino que he hecho experiencia de su experiencia: cuando era estudiante a mediados de los 80 di por manifestare por el desarme mundial y como continuase mis estudios en Berlín pronto me contactaron agentes soviéticos deseosos de ayudare en mis propósitos por cuanto compartían mis ideales.

De aquí extraigo yo dos lecciones; una que la existencia de la persona se da siempre inmersa en un grupo que se identifica frente a otro(s) grupo(s), por lo que declarándose pacifista –o no violento- perjudica a su grupo y beneficia a su(s) oponente(s). Y como esos grupos son las unidades armadas o estados, un movimiento pacifista ha de ser mundial, de modo que no perjudique a nadie. Esta es una grandísima dificultad, pero menor en nuestro tiempo. La otra lección es que la violencia no es una opción o alternativa de nuestro arbitrio –todo es fuerza- y, por lo tanto, no corresponde achacar o responsabilizar a nadie de hacer lo que debe lo mejor que puede. (Goethe nos lo señala claro en el Fausto: menos pamplinas; para la guerra mejor que los “caballeros” son los criminales).

Esta es una buena introducción, creo, al propósito del Quijote cuyo nudo se expone en el discurso sobre las armas y las letras que comienza nada más decir Zoraida a la inquisición de los cristianos que no es Zoraida sino María. Los argumentos del Discurso son los siguientes:

1.Las armas son el arte y ejercicio que excede a todos los demás

“Ahora no hay que dudar sino que esta arte y ejercicio (las armas) excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron, y tanto más se ha de tener en estima cuanto a más peligros está sujeto. Quítenseme delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas, que les diré, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la razón que los tales suelen decir y a lo que ellos más se atienen es que los trabajos del espíritu exceden a los del cuerpo y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan”

“véase si se alcanza con las fuerzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los disignios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que todas estas cosas son acciones del entendimiento”

“Siendo, pues, ansí que las armas requieren espíritu como las letras, veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el del guerrero, trabaja más, y esto se vendrá a conocer por el fin y paradero a que cada uno se encamina, porque aquella intención se ha de estimar en más que tiene por objeto más noble fin”

“Es el fin y paradero de las letras (y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como este ninguno otro se le puede igualar): hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Fin por cierto generoso y alto y digno de grande alabanza, pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”

2.Las armas son el esfuerzo supremo del hombre

“Qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado que, hallándose cercado en alguna fuerza y estando de posta o guarda en algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? Solo lo que puede hacer es dar noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina, y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si este parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventaja el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas no le queda al soldado más espacio del que concede dos pies de tabla del espolón; y con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno, y con todo esto, con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucería y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo que más es de admirar: que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si este también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes]: valentía y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra”

3.Las letras no se pueden sustentar sin las armas

“Las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas”

Y concluye:
“Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.

La milenaria ideología del valor heróico desaparece con la tecnología como un soplo de aire. Los más modernos héroes han resultado de que les fusilaba la segunda línea caso de dar la espalda al enemigo.

Pero, ¿Qué es la paz, el fin de la guerra, por la que tantísimo esfuerzo se hace? ¡Oh! Se me pasó mencionarlo, pues sí que lo dice:

“….las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Y, así, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires: «Gloria sea en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»; y a la salutación que el mejor maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favoridos fue decirles que cuando entrasen en alguna casa dijesen: «Paz sea en esta casa»; y otras muchas veces les dijo: «Mi paz os doy, mi paz os dejo; paz sea con vosotros», bien como joya y prenda dada y dejada de tal mano, joya que sin ella en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra”

“De tal manera y por tan buenos términos iba prosiguiendo en su plática don Quijote, que obligó a que por entonces ninguno de los que escuchándole estaban le tuviese por loco, antes, como todos los más eran caballeros, a quien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana”

“El cura le dijo que tenía mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer”

Ese es el resumen del conocido Discurso. En las “Armas y las Letras en la interpretación del Quijote” que refiere a la Primera Parte podrás verlo comentado con más detalles. Aquí, como estamos de resumen, te recuerdo el argumento principal de esa Interpretación:

Aparte de reiterar una vez más lo que las Letras no se podrían sustentar sin las Armas que es la más constante manifestación del Quijote -pues el Quijote es un libro que piensa en los libros-, al comparar las Armas y las Letras en abstracto, especialmente al estar justo en el medio de la historia del cautivo y la renegada, las separa y así iguala a todos los grupos armados, que es, como hemos visto antes, la más clara manifestación pacifista, pues lo que expone vale para todos los grupos armados por igual; tanto turcos como españoles, chinos, indios.... Esas fatigas del soldado, o esa mortal valentía, ese fin de la guerra que es la paz, ese esfuerzo supremo que lleva a un marine tras otro a las barrigas de los tiburones –nosotros la quisiéramos pensar, el lector apresurado así lo hace, por los nuestros; solo los buenos deberían ser valientes, pero ese marine podría ser lo mismo pirata que cristiano, o turco. Y esta que es locura humana, no es solo de don Quijote sino de todo el mundo –como así lo representan los que le escuchan.

Como digo, el conocido Discurso de las Armas y las Letras solo nos sirve, sobre todo, de nudo, de argumento en el estudio de la guerra; en él se establecen los términos de la paradoja y tragedia humana, pero de él no se concluye nada definitivamente. El desenlace es la bandera blanca que vimos en el post anterior, pero el término medio es el Yelmo de Mambrino, que sirve a Cervantes para definir el Arma, por eso dice:

—¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que está este buen escudero (el barbero), pues llama bacía a lo que fue, es y será yelmo de Mambrino, el cual se le quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con ligítima y lícita posesión!

En efecto, está en cuestión si es bacia o yelmo, pero en el caso de ser yelmo (como piensa don Quijote) -un arma- nadie ha de dudar que entrar en guerra –usar de violencia- y quitárselo es legítimo y lícito.

Las armas (un arma es tanto un objeto para herir y matar como un grupo humano preparado para ello) son, pues, la causa de la guerra. La expresión “que es lo mesmo las armas que la guerra" implica, recoge y manifiesta también esa idea; pero las armas son primero y la guerra después, o su consecuencia. Y, por tanto, la única forma de la paz es el acuerdo por el desarme.

martes, 11 de enero de 2011

Resumen de la Primera Parte

Querido lector, te ruego disculpes mi falta de consideración; me he apresurado a decirte que, como la Interpretación de la Primera Parte la tienes a tu disposición y no necesitas más que pulsar en “Las Armas y las Letras en la interpretación del Quijote” en el mismo bloque que este blog, me limitaría aquí tan solo a la comentar la Segunda Parte, en donde se verá que tiene el mismo propósito que la Primera. Sin embargo, no debo dar por hecho que te haya ya dado tiempo a leerla, así que te la resumo:

Los hechos reales y no imaginados del Quijote los trata Cervantes con el caso del cautivo. El contexto está ahí aconteciendo históricamente; los cristianos y los musulmanes están en guerra robándose y matándose. La división de sus fuerzas, (las Armas), es la misma que ya nos mostró en el caso de los rebaños; las naciones de creencia (las Letras) musulmanas, todas a un lado, y las cristianas, todas al otro –y vale como cualquier guerra (también mundial), así los Aliados contra los Fascistas, los Comunistas contra los Capitalistas, etc….

En el caso del cautivo se nos informa que, individualmente, si uno era capturado, al menos en el sector musulmán, con convertirse al Islam se le declaraba libre, y así nos cuenta el caso de líderes y corsarios musulmanes originalmente cristianos. Otros casos como el del mismo Cervantes, que suponía tenía algo que perder en España, no se convertían para quedar en tierra extraña sin padres ni hijos. Algún renegado como el que le sirve de traductor al cautivo parece ser que tenía fe cristiana –pero le convenía más hacerse pasar por convertido al Islam…

No es extraño que cuando el cautivo y Lela Zoraida aparecen en la venta le preguntan a Lela Zoraida si está bautizada o no ¡hasta cuatro veces!. En efecto, por la misma razón que no pueden, ni ella ni el cautivo, dar una respuesta que desafíe a los que les interrogan -con toda evidencia; pues sus gentes respectivas se matan por ello- no les pueden creer -dar crédito- fácilmente por mucho que afirmen que quiere ser cristiana, pero que no ha tenido tiempo de bautizarse todavía.

En efecto, cuando no puede haber modo de fiarsse de alguien (pues pertenece a otra Arma -y consecuentemente Letra) -al que se le pide documentación- la única opción es “la bandera blanca de paz”. Mostrarla o verla fue el modo y el momento en que se produjo la “confianza” entre el cautivo cristiano y la mora renegada.

La bandera blanca de paz es un término militar; refiere a poner en suspensión las armas que, como hemos visto arriba, son siempre lo mismo que las Letras.

lunes, 3 de enero de 2011

De como la Segunda Parte comienza en China

Es hora de recapitular con el año nuevo.

Hemos venido interpretando El Quijote a partir del proto-quijote, entendiendo que sea ésta la parte más original del mismo, a la que se van sumando otras aventuras, todas ellas mostrando una imagen coherente del mundo. Y el mundo ha de entenderse básicamente como el de las relaciones humanas.

Así no es extraño que viéramos como se nos representaban primero según el ámbito civil y luego las relaciones internacionales, y asímismo en general el mundo de la historia y la cultura –es decir, la escritura.

Te sugiero ahora que si tienes ganas y tiempo leas mi interpretación de la primera parte titulada “Armas y Letras en la interpretación del Quijote” que tienes a tu disposición a la entrada de este blog. No puedo medir con exactitud la profundidad del pensamiento de Cervantes, pero no me cabe ninguna duda que su experiencia de soldado, de cautivo del, además de enemigo, infiel, unidos a su condición de independencia y desapego del poder, le pusieron en la situación adecuada para poder intentar compartir los frutos de una experiencia tan rica saboreada por un entendimiento tan agudo como el suyo.

Como la Primera Parte queda ya vista, vamos a tratar aquí ahora solo la Segunda para ver si podemos confirmar y ahondar en la misma tesis de la Primera.

No es la personalidad de don Quijote, ni el ser de España lo que Cervantes, una persona inteligente, tiene en mente, a diferencia de sus intelectuales comentaristas, sino al ser humano como tal. Propongo, por cierto, que nos pasemos todos, ante todo, al grupo de los inteligentes.

Por eso puede que sea de mayor interés del que se le atribuye el hecho de que Cervantes comience la Segunda Parte en China, contándonos cómo le pidió la Primera el Emperador para enseñar la lengua española a sus súbditos, cuando, por entonces, precisamente intentaba librarse como de las moscas de los misioneros que le llegaban pese a que, a diferencia de Cervantes, hacían el fatigoso esfuerzo de ir hasta el lejano Estado Central a ofrecersela gratuitamente.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Estrés no es moderno

Tres días y tres noches estuvo don Quijote con Roque, y si estuviera trecientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida: aquí amanecían, acullá comían; unas veces huían, sin saber de quién, y otras esperaban, sin saber a quién; dormían en pie, interrompiendo el sueño, mudándose de un lugar a otro. Todo era poner espías, escuchar centinelas, soplar las cuerdas de los arcabuces, aunque traían pocos, porque todos se servían de pedreñales. Roque pasaba las noches apartado de los suyos, en partes y lugares donde ellos no pudiesen saber dónde estaba, porque los muchos bandos que el visorrey de Barcelona había echado sobre su vida le traían inquieto y temeroso, y no se osaba fiar de ninguno, temiendo que los mismos suyos o le habían de matar o entregar a la justicia. Vida, por cierto, miserable y enfadosa.

En el Discurso de las Armas y las Letras don Quijote señala la superioridad de las Armas sobre las Letras; aquí las tenemos expuestas sin ideología; no es nuestro ejército, los buenos, ni el de los enemigos, los malos, es la expresión de las actividades objetivas que conlleva la guerra, “que es lo mismo las armas que la guerra”, según nos señala Cervantes.

miércoles, 6 de enero de 2010

Bienvenida

Honrado lector,

Lo que Cervantes se propone al escribir el Quijote es mostrarnos que las Letras, lo que se publica, por extensión nuestras absurdas figuraciones del mundo, están subordinadas a las Armas que amenazándonos nos “hacen confesar”.